Exhiben memoria fotográfica de Copán

Con motivo de la conmemoración del cuadragésimo aniversario de la inscripción del Sitio Maya de Copán en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO se realiza la exhibición Memorias Frágiles, con las fotografías grabadas en placas de vidrio que tomaron los fotógrafos de las expediciones de los 1890 grabaron un tesoro de información arqueológica.

Las espectaculares y antiguas ruinas mayas de Copán, Honduras han cautivado a los investigadores de Harvard por más de cien años. Iniciando con cinco expediciones pioneras en los 1890s y hasta el día de hoy, los arqueólogos han cruzado mares, ríos y montañas para llegar hasta las ruinas de esta gran ciudad Maya que data de los siglos quinto al octavo.

Estas imágenes, recientemente digitalizadas, revelan nueva información sobre las primeras excavaciones de Copán, aportando pistas sobre la estructura original de la mundialmente reconocida Escalinata de los Jeroglíficos. También tejen una narrativa visual de las interacciones de los primeros arqueólogos en la pequeña aldea y sus habitantes la cual se convirtió en el Copán Ruinas de hoy. En la actualidad, las recientes imágenes digitalizadas han facilitado entrevistas con descendientes de los antiguos residentes del pueblo, aportando datos sobre la historia de Copán.

Esta exhibición se montó originalmente en el Museo Peabody en 2008, bajo la curaduría de Barbara Fash, directora del Programa del Corpus de Inscripciones Jeroglíficas Mayas. Posteriormente fue regalado al pueblo de Copán Ruinas y se instaló con traducciones al español en la sala municpal de Copán en 2009.

Maquinas visuales del tiempo
Esta exhibición de fotografías digitales de la colección de los históricos negativos en vidrio del Museo Peabody del siglo diecinueve (XIX), resalta los logros de las pasadas y presentes expediciones, y evidencia la importancia de la fotografía para descifrar en investigaciones arqueológicas de campo. Estas imágenes también dan seguimiento al desarrollo de las prácticas arqueológicas y muestran cómo los arqueólogos y las comunidades continúan modelando sus vidas mutuamente.

Negativos en vidrio: ayer y hoy
Una de las más grandes y valiosas colecciones de los Archivos del Museo Peabody contiene más de 10,000 negativos en vidrio del siglo diecinueve (XIX). Las primeras imágenes de esta colección única fueron tomadas en Copán, Honduras y son parte de esta exhibición “Memorias Frágiles”.

Los negativos en vidrio de Copán son “placas en seco”; este proceso se introdujo en la década de 1870 y consistía en cubrir los negativos en vidrio con una ligera capa de gelatina sensitiva a la luz. Mientras los negativos no se quebraran, este medio era lo suficientemente fuerte para resistir las fluctuaciones de la temperatura y la humedad. En efecto, los negativos en vidrio de Copán han sobrevivido por más de 115 años, resistiendo el clima tropical de Centroamérica, donde fueron tomados, y el traslado a Estados Unidos y su almacenamiento.

La digitalización de los negativos en vidrio del Museo Peabody, proceso que tomó dos años, ha abierto un nuevo capítulo en la investigación de Copán revelando nueva información y detalles arqueológicos.

Esta exhibición resalta la importancia de preservar un rico archivo fotográfico y muestra como la tecnología del pasado puede ser inmensamente útil en el actual entorno de rápidos e innovadores cambios tecnológicos.

La expedición arqueológica
La fascinación de los Estados Unidos en el Siglo Diecinueve por el patrimonio cultural de Latino América creció simultáneamente con sus intereses económicos y políticos en el área. Cuando el Director del Museo Peabody, Frederick Putnam, envió la primera expedición a Copán en 1891, tanto los eruditos como el público en general, estaban intrigados por la antigua escritura, escultura y arquitectura Maya.

Los jóvenes exploradores de la expedición estaban escasamente preparados para el medio ambiente tropical y las diferencias culturales que iban a encontrar. El entusiasmo inicial, a veces truncado por enfermedades y hasta por la muerte, hace admirable el hecho que regresaran con resultados de esa expedición.

Los 600 negativos en vidrio, que produjeron acreditaron al Museo Peabody y a la Universidad de Harvard como los precursores de la Arqueología y Etnología Maya y Centroamericana.

A pesar de que se imprimieron un sin número de álbumes fotográficos de los negativos, a menudo ni los nombres de los Arqueólogos ni la identidad de los colaboradores locales fueron claramente registrados con sus fotografías. Recientemente, mediante investigación de archivos y de entrevistas personales, se ha logrado identificar a algunos de ellos y recobrar pequeños trozos de la historia y arqueología de Copán.

Un pueblo pequeño: el despertar de una comunidad
Año y medio después de que iniciaran las expediciones del Peabody a Copán, una pequeña aldea de ranchos de paja “un pueblo pequeño,” ubicado a un kilómetro del centro de las Ruinas, y principal asentamiento de inmigrantes Guatemaltecos, fue legalmente instituido como el Municipio de San José de Copán en 1893. Personas prominentes de la comunidad usaron la actividad arqueológica para promover sus deseos de obtener un nuevo estatus cívico.

Las fotografías de esa época son importantes en la actualidad, no solamente como documentos de los ahora erosionados monumentos y de la historia de las expediciones del siglo diecinueve (XIX), sino también por la historia cultural simultáneamente captada en su entorno.

Por ejemplo, un resultado de los esfuerzos de los fotógrafos al documentar las imágenes de cada uno de los monumentos de la plaza del pueblo, es que el entorno de la aldea pueda ser recreado. Desafortunadamente, los expedicionarios catalogaban los monumentos pero casi nunca registraban el nombre de las personas locales que posaban para mostrar la escala real de los monumentos.

Estas fotografías de la aldea, en la víspera de su fundación como municipio, son tesoros de días pasados y una fuente de gran orgullo para las familias descendientes que habitan Copán hoy.

 

La Escalinata de los Jeroglíficos
Copán se enorgullece de tener la inscripción jeroglífica más larga del Nuevo Mundo. Esta embellece la escalinata de la Estructura 26 y describe los eventos más importantes de la vida de los gobernantes de la dinastía de Copán entre los años 425 DC hasta 750 DC.

Cuando la Escalinata fue descubierta en 1893, las gradas se habían deslizado y esparcido de sus ubicaciones originales. Estas gradas que se desbarajustaron nunca fueron completamente reordenadas y la reconstrucción que vemos hoy en día, realizada por la Institución Carnegie de Washington entre 1936 y 1942, está en un 65 por ciento fuera de su sitio. Esta confusión ha hecho que descifrar el mensaje histórico de la Escalinata se haya convertido en un reto, hasta recientemente, casi imposible de descifrar.

Desde 1986 un proyecto arqueológico de gran dimensión ha trabajado para descubrir las fases constructivas que secuencialmente yacen enterradas debajo de la pirámide. El proyecto también registró las inscripciones de las 64 gradas y la iconografía relacionada para su desciframiento y estudio.

Desde su descubrimiento en los años 1890s y la reconstrucción de los años 1930s la escalinata ha sufrido erosión severa. Afortunadamente, los negativos en vidrio preservan detalles que han sido cruciales para recrearla correctamente y entender el pasado de Copán. En la actualidad y gracias a estas imágenes y recientes trabajos arqueológicos, el orden original de la escalinata está aproximadamente 71 por ciento virtualmente corregido, permitiendo que los epigrafistas puedan leer la historia nuevamente.

La cueva de Sesesmil: George Byron Gordon, 1893
Durante la segunda expedición del Museo Peabody a Copán, George Byron Gordon, entonces estudiante de post grado, subió a las cuevas de Sesesmil ubicadas a 4 kilómetros de las ruinas. Podemos ver a uno de los dos guías de Gordon, llamados Clemente Vásquez o Saturnino (cuyo apellido se desconoce). Dado lo peligroso del ascenso, es admirable que se haya llevado el equipo hasta allí y que una foto de ese momento sobreviva.

Don Gordon hizo varios ascensos a las cuevas y excavó excepcionales vasijas de cerámica que están entre las más antiguas que se conocen de Copán y que datan de aproximadamente del año 1000 A.C.

“A 2000 pies se levanta perpendicularmente una gran montaña de roca caliza. El acenso es muy perpendicular… pero escalamos con mucho trabajo y riesgo agarrándonos de raíces de árboles y arbustos…En el ascenso uno encuentra grandes rocas en formas fantásticas… un paso en falso o una piedra floja sería suficiente para precipitarse sobre las rocas y espinas a más de 1000 pies abajo.” — George Byron Gordon, notas de campo, 31 de marzo de 1893.

 

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